miércoles, 10 de febrero de 2016

Miércoles de Ceniza: comienza la Cuaresma

Cambiemos nuestro vestido por ceniza y el cilicio; ayunemos y lloremos delante del Señor, porque nuestro Dios es compasivo y misericordioso para perdonar nuestros pecados. (Joel, 2, 13)

Hoy concluye el tiempo de Septuagésima (véase aquí la entrada que le dedicamos hace unas semanas) y comienza la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza, el cual toma su nombre de la ceremonia de la imposición de las cenizas, rica en contenido. Las cenizas simbolizan el carácter efímero de todo lo terreno -incluida la vida humana-, así como la penitencia por el pecado, que trajo la muerte al mundo. Las cenizas son preparadas a partir de los ramos bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior, y desde el siglo X son bendecidas solemnemente por el sacerdote. Originalmente, las cenizas eran impuestas solamente a los penitentes públicos; más tarde se extendió esta conmovedora ceremonia a todos los fieles, en tanto todos debemos sentirnos y reconocernos como pecadores. Las cenizas bendecidas le otorgan a los fieles en cuanto sacramental el verdadero espíritu de penitencia. (1)

 Imposición de la ceniza, parroquia de los Santos Inocentes, Nueva York (2015)

Romano Guardini, en su libro Los signos sagrados (2), nos regala una hermosa meditación sobre el significado de las cenizas que el sacerdote nos impondrá durante la Santa Misa de este día, de la cual transcribimos para nuestros lectores un fragmento: 

" ¡Recuerda, hombre:
   Polvo eres,
   y al polvo regresarás!

Lo efímero - eso es lo que dice la ceniza. Nuestra naturaleza efímera - ¡no la de los demás, sino la mía! Mi caducidad me habla cuando el sacerdote, al comienzo de la Cuaresma, con la ceniza de los ramos otrora frescos y verdeantes del  Domingo de Ramos del año pasado, traza en mi frente la Cruz:     

   Memento homo
   Quia pulvis es
   Et in pulverem reverteris!

Todo se converti en ceniza. Mi casa, mi vestido, mis instrumentos y mi dinero; el campo, el prado, el bosque. El perro que me acompaña, y el animal en el establo. La mano con la que escribo, el ojo que lee, mi cuerpo entero. Las personas que amé, las que odié, y las que temí. Todo cuanto en la tierra me pareció grande, y lo que me pareció pequeño - todo ceniza".

Notas:

(1) Cfr. la nota del día del Misal de Anselm Schott O.S.B., edición típica de 1962.

(2) Romano Guardini, Von heiligen Zeichen, Matthias-Grünewald-Verlag, Maguncia, 1966, p. 38. Traducción desde el alemán de la Redacción. Una traducción castellana completa del pasaje se encuentra aquí.

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